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"LA CONQUISTA HA COMENZADO—AHORA ES EL MOMENTO PARA DAR TODO LO QUE ERES Y TIENES AL REINO DE DIOS"
"LEVÁNTATE, Jerusalén envuelta en resplandor, porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor brillará sobre ti" (Isaías 60:1-2).
LEVÁNTATE—DESPIERTA—AVANZA
El mandamiento desde el Cielo es muy claro. Como seguidores de Cristo hemos de ¡Levantarnos! ¡Avanzar! Nuestro objetivo es llevar al Reino de Dios hacia adelante. Hay que superar cada reserva y temor. Manteniéndonos firmes en el conocimiento de la voluntad de Dios para nuestra vida, pisaremos sobre la timidez. El conocimiento abrumador de quien es Cristo dentro de nosotros y quien somos nosotros EN ÉL, terminará por hacernos valientes. La promesa de Dios a Josué es también para nosotros:
"Tal como se lo prometí a Moisés, Yo les daré toda la tierra en donde ustedes pongan el pie. Nadie te podrá derrotar en toda tu vida, y Yo estaré contigo así como estuve con Moisés, sin dejarte ni abandonarte jamás. Ten valor y firmeza, que tú vas a repartir la tierra a este pueblo, pues es la herencia que Yo prometí a sus antepasados. Lo único que te pido es que tengas mucho valor y firmeza, y que cumplas toda la ley que mi siervo Moisés te dio. Cúmplela al pie de la letra para que te vaya bien en todo lo que hagas" (ver Josué 1:3, 5-7).
Nos mantendremos, confiados y audaces. No necesitamos una arrogancia carnal sin base, sino unos corazones firmes y santos, que confían totalmente en el Señor. El justo será quien viva confiado como un león (ver Proverbios 28:1). La conquista (acción y efecto de conquistar) ha comenzado. Esto no es el pre-calentamiento ni el ensayo previo, es lo verdadero. Ahora no es momento de inhibirse. Ahora es el momento de dar todo lo que eres al Reino de Dios. Un cambio rápido nos está envolviendo, estamos viendo una revolución radical. Abraza los vientos del cambio. Están soplando hasta los confines de la Tierra. No bastarán las meras palabras, tenemos que tener una verdadera manifestación del poder de Dios. El clamor de nuestro corazón es: "Ojalá rasgaras el cielo y bajaras haciendo temblar con tu presencia a las montañas" (ver Isaías 64:1). ¡Es la hora de la acción!
Levántate, despierta para perseguir radicalmente tu destino. Tu herencia espiritual es demasiado importante para quedarte parado. Es esencial que te levantes con una determinación profundamente arraigada para alcanzar las promesas de Dios para tu vida. Se te permite el acceso para acercarte al Rey, dispensando así una gran aceleración de los propósitos y el poder del Reino.
UN MOMENTO COMO ESTE
No sólo nos ha llamado Dios a ti y a mí a ser valientes y audaces, sino que además nos ha encargado una misión para estos días tan importantes. Debemos estar preparados para una conquista que trae un cambio rápido y seguro. El plan de Dios para su pueblo es un plan de victoria, no derrota (Jeremías 29:11). Hemos sido llamados y enviados para ser vencedores. Tú has sido creado para ser victorioso, no una víctima. Al igual que la reina Ester, tú estás en el Reino para esta hora (Esther 4:14).
VENCEDORES
En lo más profundo del alma de cada verdadero cristiano late el corazón de un vencedor. La palabra vencedor sugiere ganar tras una dura lucha. Hemos de ser guerreros fuertes, voluntariosos. Recordemos, estamos luchando desde la victoria, no para la victoria. Cristo ha ganado la victoria. Nosotros solamente tenemos que movernos en lo que Él nos ha proporcionado. Toma tu posición—hazte militante acerca de las promesas de Dios.
Estos son los días cuando las tropas de Dios han de salir voluntariamente y dispuestos. (Salmo 110:3). Hemos de hacer historia y cambiar el mundo. Dios decidió con exactitud el momento de nuestro nacimiento Verdaderamente, estamos en el Reino para un momento como éste. Considera el hecho de que tú no tuviste absolutamente ninguna voz en decidir la hora de tu nacimiento. Es el plan de Dios. Mirando hacia este día, Él decidió que tú serías un gran instrumento en sus manos para formar el Reino de Dios.
DÍA DE SALVACIÓN MUNDIAL,AUNQUE VENDRAN GRANDES JUICIOS A LAS NACIONES Y A TODA LA CASA DE DIOS AL MISMO TIEMPO.
¡Qué gozo y privilegio nos ha sido dado para vivir en esos los últimos días de la gran cosecha! Nunca antes ha visto el mundo tal despliegue de salvación. Los más recientes informes recibidos de China dicen que durante más de una década se ha estado produciendo un avivamiento inmenso, y cada hora unas 1.200 personas entran en el Reino de Dios. Esto es veinticuatro horas al día, trescientos y sesenta cinco días al año. ¿Puedes imaginar que más de diez millones de almas al año estén llegando a la fe de Cristo en China? Y esto es solamente el comienzo de una evangelización mundial.
Hay una iglesia en África que tiene más de 1,7 millones de miembros y más de 15.000 misioneros enviados por el mundo. En África, una pareja comenzó con seis niños harapientos de la calle y ahora, después de doce años, tienen más de 6.000 iglesias e incontables miles de miembros.
La mies está blanca y madura para la siega. La cosecha del final de la era está llegando con rapidez. Lo que estamos viendo ahora es la cosecha de los cosechadores, y la siega de los segadores. Dios confía en ti. Él es quien hace nacer en ustedes los buenos deseos y quien los ayuda a llevarlos a cabo (Filipenses 2:13). Descubrimos en Lucas 12:32, que la buena voluntad del Padre es darnos el poder de Su Reino. Estos son días decisivos del destino. Dios nos está llamando a cada uno de nosotros a tomar nuestra posición para la justicia.
Tú eres totalmente único. Hay más de seis mil millones de personas viviendo ahora mismo en el mundo, y ¿sabes qué? Ni una es igual a ti. Esto es verdaderamente único. El Padre desea ungirte y usarte de modo extraordinario. Nuestra meta ha de ser rendirnos totalmente a Cristo, buscando sólo a caminar en su pureza y poder.
OBRAS—NO SÓLO PALABRAS
¡Nuestro destino es la victoria! Estamos llamados a triunfar, vivir de tal modo, hacer todo con un espíritu de excelencia para avanzar la causa de Jesucristo. El verdadero cristianismo trata más sobre lo que hacemos que sobre lo que decimos (1 Corintios 4:20). Es la hora de la acción—no meras palabras. Nuestro caminar expresará más que nuestro hablar. Será una manifestación del poder divino, no palabras elocuentes, lo que haga avanzar al Reino de Dios (1 Corintios 2:1-5). El poder del Espíritu Santo de Dios te ungirá para lograr asombrosos señales y maravillas para la gloria de Dios y para hacer avanzar al Reino de Dios.
EL SECRETO PARA LA VERDADERA CONFIANZA
Un hombre extremadamente sabio escribió estos pensamientos que provocan a la reflexión: "El malvado huye aunque nadie lo persiga, pero los justos viven confiados como el león" (Proverbios 28:1).
Con esta frase corta pero inspirada, descubrimos una clave excepcionalmente significativa: los justos están confiados como un león. Esta clave es una ventaja asombrosa, que nos da un entendimiento muy necesario para abrir el misterio de nuestra debilidad. Nuestra falta de poder manifestado testifica de nuestra carnalidad. Debemos caminar en santidad si hemos de caminar en verdadero poder.
La razón principal por la falta nuestra de poder genuino se debe a nuestra falta de santidad genuina. Con el corazón arrepentido podemos avanzar, buscando al Señor para que Él saque de nosotros todo lo que nos separa de Él. Sin duda, nuestro pecado es la razón principal por nuestros continuos fracasos.
La advertencia de Dios está clarísima: "Procurad estar en paz con todos y llevar una vida santa; pues sin la santidad nadie podrá ver al Señor" (Hebreos 12:14). No confundamos la santidad con el legalismo hecho por el hombre. La santidad verdadera produce la vida abundante de paz, mientras que el legalismo religioso sólo produce la aridez y la muerte. Recordemos que donde está el Espíritu de Dios, allí está la libertad (2 Corintios 3:17). Las personas más felices que conozco son las que caminan derecho, buscando traer gloria a Dios en cada aspecto de sus vidas (ver Colosenses 1:9-10).
LA CARNE CONTRA EL ESPÍRITU
"Los justos serán confiados como el león."
El Cuerpo de Cristo debe descubrir y discernir la inmensa diferencia entre la arrogancia y la genuina confianza—entre ser llevados por nuestras propias ambiciones y ser llevados por el Espíritu de Dios. Si seguimos actuando según nuestras presunciones carnales, el fracaso es seguro: "Hay caminos que parecen derechos, pero al final de ellos está la muerte" (Proverbios 14:12).
Nuestra carne fomenta la arrogancia—las habilidades y planes propios de la persona. La verdadera confianza, sin embargo, está dispensada de un encuentro con el Espíritu Santo. Las Escrituras nos lo describen: los justos serán confiados como un león.
Antes del encuentro dinámico con el Espíritu de Dios en el Día de Pentecostés, Simón Pedro se derrumbó bajo las acusaciones de una joven criada. Sin el poder dispensador de la gracia del Espíritu de Dios, Pedro negó al Señor tres veces. Sin embargo, una vez que estaba lleno del poder y la confianza del Espíritu Santo, vemos una transformación inmensa en su vida. Erguido en la autoridad verdadera, predicó uno de los mensajes más ardientes en las Escrituras (Hechos 2:14-40).
Un espíritu maligno y religioso siempre se manifestará intentando falsificar al original. Si este espíritu maligno no consigue hacer que la persona se mueve en una falsa auto confianza, le hará débil y tímido. Ya es hora que reconozcamos la diferencia entre la timidez y la humildad, entre la confianza y la presunción.
BATALLA CONTRA EL HECHIZO
Un astuto hechizo se está produciendo dentro del Cuerpo de Cristo. Pablo nos advirtió contra este espíritu cuando les escribió a los gálatas. Este embrujo se manifiesta y hace que la gente intente terminar en la carne lo que comenzó en el Espíritu de Dios (Gálatas 3: 1-5).
Es hora de hacer unas preguntas difíciles: ¿Hemos sido mandados por el Espíritu de Dios o hemos dado a luz a nuestros propios planes? Se puede discernir la diferencia según el éxito o el fracaso. Cuando es el Señor quien envía a la persona, Él va antes para preparar el camino. Sin embargo, si la persona corre sin haber sido enviado por Dios, está condenada a la vergüenza y el fracaso. Hemos de decir con Moisés: "Si Tú mismo no vas a acompañarnos, no nos hagas salir de aquí. Porque si Tú no nos acompañas, ¿de que otra manera podrá saberse que tu pueblo y yo contamos con tu favor?" (Éxodo 33:15).
Jesús es el ejemplo perfecto de Alguien enviado por Dios. "Solo hago lo que veo a mi Padre hacer, solo digo lo que le oigo a mi Padre decir". El gozo de su corazón era hacer la voluntad del Padre. La vida de Jesús de obediencia absoluta a la voluntad del Padre debe ser también nuestra meta. Es la síncopa perfecta – buscar la armonización de la voluntad del Padre con nuestro caminar. Este ritmo divino se reflejaba en la vida de Pablo cuando dijo: "Para mí vivir es Cristo…" (Filipenses 1:21). Cerca del final de su vida, añadió: "He peleado la buena batalla, he llegado al término de la carrera, me he mantenido fiel"(2 Timoteo 4:7).
Como comenzamos es importante, pero como terminamos lo es aún más. El legado que dejamos testificará cuán eficazmente hemos vivido nuestra vida para los propósitos del Reino de Dios.
Conforme leas esto pregúntate: ¿estás andando con la fuerza de tu entusiasmo humano, o estás siendo llevado por la fuerza y el poder de Dios? Recuerda: "No depende del ejército, ni de la fuerza, sino de mi Espíritu, dice el Señor todopoderoso" (Zacarías 4:6). ¿Has estado "caminando en la luz de tu propio fuego?" (Isaías 50:11) Si es así, es sólo una lucecita apagada comparada con la luz brillante del Espíritu de la Verdad. ¿Te sorprendes de tropezar en la oscuridad? Cuando caminaba por la Tierra, Jesús dijo a los líderes religiosos fríos y legalistas que ellos eran los ciegos guiando a los ciegos, y que tanto ellos como sus seguidores estaban destinados a caer en la zanja.
¿Te contentas con beber de tus propias cisternas y abandonar la fuente de agua viva? (Jeremías 2:13). ¡Qué terrible intercambio, conformarse con agua estancada y contaminada en vez de las fuentes refrescantes que fluyen del Espíritu Santo!
Como nunca antes, debemos caminar a la luz de la Palabra de Dios. Solamente allí encontraremos la verdadera luz para nuestro camino oscurecido (Salmo 119:105, 130). Es sólo en Su luz que vemos la luz. (Salmo 36:9). Las Escrituras nos revelan esta preciosa promesa: "Tú, Señor, me das luz; Tú, Dios mío, alumbras mi oscuridad" (Salmo 18:28). Solo Él es el origen de la verdadera iluminación.
La revelación de Cristo Rey y de Su Reino va a ser más clara y concisa según nos afirmamos a nuestro corazón a buscar la intimidad con Él. Adentrándonos cada vez más en los caminos del Espíritu, creceremos en nuestro conocimiento de Cristo y de Su Reino. Lo profundo llama a lo profundo—Dios ha estado infundándonos con un deseo de subir más alto y bajar más profundo que jamás habíamos estado antes.
LA SANTIDAD PRODUCE EL PODER Y LA CONFIANZA
Que resuenan estas palabras en tu espíritu: "los justos son confiados como el león" (Proverbios 28:1), pidiendo al Espíritu Santo que te revela su significado. El deseo de nuestro corazón es que Dios nos lance más lejos en una pasión consumidora para caminar en mayor santidad. Este fervor resultará en verdadero poder producido por el Espíritu Santo. Sólo esto es la clave de caminar en el poder sobrenatural sostenido.
UN PUEBLO DE EXTREMA Y ARDIENTE PASIÓN
El Espíritu de Verdad abrirá nuestros ojos a contemplar verdades más profundas escondidas en las Escrituras (Mateo 13:16-17). Estas verdades divinas prenderán fuego a nuestros corazones, encendiendo dentro de nosotros una ardiente y extrema pasión por la gloria de Dios y el avance de Su Reino.
El Espíritu de Dios nos está ayudando a comprender la vasta diferencia entre la arrogancia humana y la confianza del Espíritu Santo. La audacia espiritual no es característica de muchos en la Iglesia de hoy en día. Nos hemos acostumbrado a los líderes mañosos, dedicados a su propio auto-bombo y autopromoción. Sin duda, esta es una de las razones que estamos caminando en tan poco poder del Espíritu Santo. Tenemos que establecer al Reino de Dios, no nuestras propias ideas.
Nuestro clamor ha de ser como el de David: "¡Crea en mí un corazón puro, restaura en mí un espíritu nuevo y fiel!" (Salmo 51:10). Que resuena este pasaje en nuestros corazones:
"¡Haz que tus siervos y sus descendientes puedan ver tus obras y tu gloria! Que la bondad del Señor, nuestro Dios, esté sobre nosotros. ¡Afirma, Señor, nuestro trabajo! ¡Afirma, Señor, nuestro trabajo!" (Salmo 90:16-17)
LA SANTIDAD---CAMINO AL PODER
"Nuestra vida ha de ser una fuente, llena y rebosante con el fruto del Espíritu de Dios".
La santidad no es opcional; es esencial para que la presencia poderosa del Señor more en nuestras vidas (Hebreos 12:14). El Señor está buscando a un pueblo que Él pueda promocionar, mostrándose fuerte, y apoyando plenamente a todo lo que ellos hagan (2 Crónicas 16:9).
Josué recordaba continuamente al pueblo de Dios que debían ser confiados, valientes y audaces. Cuando yo le pregunté al Señor: "¿Por qué siempre nos estás recordando que seamos valientes y audaces?", Él me contestó: "¡Porque no lo sois!" Nuestra timidez está relacionada con el hecho de que vivimos impuramente. Con la santidad viene la presencia del Señor. Y donde se posa Su unción, habrá poder divino. En la vida de Jesús, vemos que el Reino fue revelado con poder, no sólo con las palabras (Lucas 10:19).
Se nos instruye a luchar con audacia para la fe (Judas 3). Si no estamos luchando diariamente para defender a nuestra fe, somos simplemente farsantes que hacemos una pantomima. Si nuestro caminar no corrobora lo que decimos, estamos hablando palabras huecas, sin vida. De hecho, somos una vergüenza para el Cuerpo de Cristo. Pero si estamos caminando a la luz de la Palabra de Dios, tenemos una confianza divina. Esta confianza viene cuando estamos caminando en integridad y santidad de corazón. La unción—sin el carácter justo y moral de Cristo—siempre resultará en vergüenza. El Espíritu de Dios está forjando nuestro carácter, no solamente dispensando dones.
Las Escrituras nos dicen que el Reino de Dios sufre violencia y que los violentos lo toman (el Reino) por la fuerza. No estamos hablando de la violencia con armas de fuego ni armas blancas, sino las verdaderas armas de la guerra espiritual—el ayuno, la oración y la vida santificada. Pablo dijo que las amas de nuestra lucha son poder de Dios para destruir fortalezas (2 Corintios 10:4-6).
La meta suprema de Dios es que cada uno de nosotros poseamos y manifestemos el carácter y las virtudes verdaderas de Cristo. Estas gracias son fundamentales si vamos a ser una luz brillante…una ciudadela puesta en el monte que no se puede esconder.
Las Escrituras declaran que los justos serán confiados como el león. La verdadera confianza viene de un corazón firme y derecho. Nuestra vida debe ser una fuente, llena a rebosar del fruto del Espíritu de Dios (Gálatas 5:22-26). Estos frutos crecen mejor en la tierra del amor y la fidelidad. Jesús dijo: "En esto conocerán que sois Mis discípulos, en que os amáis los unos a los otros (Juan 13:35).
QUE HAGAIS UNA BUENA DIGESTION DE ESTA COMIDA CELESTIAL O MANA DE DIOS.
MIGUEL SANCHEZ GARCIA
MISIONERO
WWW.LEALABIBLIAHOY.COM
"LEVÁNTATE, Jerusalén envuelta en resplandor, porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor brillará sobre ti" (Isaías 60:1-2).
LEVÁNTATE—DESPIERTA—AVANZA
El mandamiento desde el Cielo es muy claro. Como seguidores de Cristo hemos de ¡Levantarnos! ¡Avanzar! Nuestro objetivo es llevar al Reino de Dios hacia adelante. Hay que superar cada reserva y temor. Manteniéndonos firmes en el conocimiento de la voluntad de Dios para nuestra vida, pisaremos sobre la timidez. El conocimiento abrumador de quien es Cristo dentro de nosotros y quien somos nosotros EN ÉL, terminará por hacernos valientes. La promesa de Dios a Josué es también para nosotros:
"Tal como se lo prometí a Moisés, Yo les daré toda la tierra en donde ustedes pongan el pie. Nadie te podrá derrotar en toda tu vida, y Yo estaré contigo así como estuve con Moisés, sin dejarte ni abandonarte jamás. Ten valor y firmeza, que tú vas a repartir la tierra a este pueblo, pues es la herencia que Yo prometí a sus antepasados. Lo único que te pido es que tengas mucho valor y firmeza, y que cumplas toda la ley que mi siervo Moisés te dio. Cúmplela al pie de la letra para que te vaya bien en todo lo que hagas" (ver Josué 1:3, 5-7).
Nos mantendremos, confiados y audaces. No necesitamos una arrogancia carnal sin base, sino unos corazones firmes y santos, que confían totalmente en el Señor. El justo será quien viva confiado como un león (ver Proverbios 28:1). La conquista (acción y efecto de conquistar) ha comenzado. Esto no es el pre-calentamiento ni el ensayo previo, es lo verdadero. Ahora no es momento de inhibirse. Ahora es el momento de dar todo lo que eres al Reino de Dios. Un cambio rápido nos está envolviendo, estamos viendo una revolución radical. Abraza los vientos del cambio. Están soplando hasta los confines de la Tierra. No bastarán las meras palabras, tenemos que tener una verdadera manifestación del poder de Dios. El clamor de nuestro corazón es: "Ojalá rasgaras el cielo y bajaras haciendo temblar con tu presencia a las montañas" (ver Isaías 64:1). ¡Es la hora de la acción!
Levántate, despierta para perseguir radicalmente tu destino. Tu herencia espiritual es demasiado importante para quedarte parado. Es esencial que te levantes con una determinación profundamente arraigada para alcanzar las promesas de Dios para tu vida. Se te permite el acceso para acercarte al Rey, dispensando así una gran aceleración de los propósitos y el poder del Reino.
UN MOMENTO COMO ESTE
No sólo nos ha llamado Dios a ti y a mí a ser valientes y audaces, sino que además nos ha encargado una misión para estos días tan importantes. Debemos estar preparados para una conquista que trae un cambio rápido y seguro. El plan de Dios para su pueblo es un plan de victoria, no derrota (Jeremías 29:11). Hemos sido llamados y enviados para ser vencedores. Tú has sido creado para ser victorioso, no una víctima. Al igual que la reina Ester, tú estás en el Reino para esta hora (Esther 4:14).
VENCEDORES
En lo más profundo del alma de cada verdadero cristiano late el corazón de un vencedor. La palabra vencedor sugiere ganar tras una dura lucha. Hemos de ser guerreros fuertes, voluntariosos. Recordemos, estamos luchando desde la victoria, no para la victoria. Cristo ha ganado la victoria. Nosotros solamente tenemos que movernos en lo que Él nos ha proporcionado. Toma tu posición—hazte militante acerca de las promesas de Dios.
Estos son los días cuando las tropas de Dios han de salir voluntariamente y dispuestos. (Salmo 110:3). Hemos de hacer historia y cambiar el mundo. Dios decidió con exactitud el momento de nuestro nacimiento Verdaderamente, estamos en el Reino para un momento como éste. Considera el hecho de que tú no tuviste absolutamente ninguna voz en decidir la hora de tu nacimiento. Es el plan de Dios. Mirando hacia este día, Él decidió que tú serías un gran instrumento en sus manos para formar el Reino de Dios.
DÍA DE SALVACIÓN MUNDIAL,AUNQUE VENDRAN GRANDES JUICIOS A LAS NACIONES Y A TODA LA CASA DE DIOS AL MISMO TIEMPO.
¡Qué gozo y privilegio nos ha sido dado para vivir en esos los últimos días de la gran cosecha! Nunca antes ha visto el mundo tal despliegue de salvación. Los más recientes informes recibidos de China dicen que durante más de una década se ha estado produciendo un avivamiento inmenso, y cada hora unas 1.200 personas entran en el Reino de Dios. Esto es veinticuatro horas al día, trescientos y sesenta cinco días al año. ¿Puedes imaginar que más de diez millones de almas al año estén llegando a la fe de Cristo en China? Y esto es solamente el comienzo de una evangelización mundial.
Hay una iglesia en África que tiene más de 1,7 millones de miembros y más de 15.000 misioneros enviados por el mundo. En África, una pareja comenzó con seis niños harapientos de la calle y ahora, después de doce años, tienen más de 6.000 iglesias e incontables miles de miembros.
La mies está blanca y madura para la siega. La cosecha del final de la era está llegando con rapidez. Lo que estamos viendo ahora es la cosecha de los cosechadores, y la siega de los segadores. Dios confía en ti. Él es quien hace nacer en ustedes los buenos deseos y quien los ayuda a llevarlos a cabo (Filipenses 2:13). Descubrimos en Lucas 12:32, que la buena voluntad del Padre es darnos el poder de Su Reino. Estos son días decisivos del destino. Dios nos está llamando a cada uno de nosotros a tomar nuestra posición para la justicia.
Tú eres totalmente único. Hay más de seis mil millones de personas viviendo ahora mismo en el mundo, y ¿sabes qué? Ni una es igual a ti. Esto es verdaderamente único. El Padre desea ungirte y usarte de modo extraordinario. Nuestra meta ha de ser rendirnos totalmente a Cristo, buscando sólo a caminar en su pureza y poder.
OBRAS—NO SÓLO PALABRAS
¡Nuestro destino es la victoria! Estamos llamados a triunfar, vivir de tal modo, hacer todo con un espíritu de excelencia para avanzar la causa de Jesucristo. El verdadero cristianismo trata más sobre lo que hacemos que sobre lo que decimos (1 Corintios 4:20). Es la hora de la acción—no meras palabras. Nuestro caminar expresará más que nuestro hablar. Será una manifestación del poder divino, no palabras elocuentes, lo que haga avanzar al Reino de Dios (1 Corintios 2:1-5). El poder del Espíritu Santo de Dios te ungirá para lograr asombrosos señales y maravillas para la gloria de Dios y para hacer avanzar al Reino de Dios.
EL SECRETO PARA LA VERDADERA CONFIANZA
Un hombre extremadamente sabio escribió estos pensamientos que provocan a la reflexión: "El malvado huye aunque nadie lo persiga, pero los justos viven confiados como el león" (Proverbios 28:1).
Con esta frase corta pero inspirada, descubrimos una clave excepcionalmente significativa: los justos están confiados como un león. Esta clave es una ventaja asombrosa, que nos da un entendimiento muy necesario para abrir el misterio de nuestra debilidad. Nuestra falta de poder manifestado testifica de nuestra carnalidad. Debemos caminar en santidad si hemos de caminar en verdadero poder.
La razón principal por la falta nuestra de poder genuino se debe a nuestra falta de santidad genuina. Con el corazón arrepentido podemos avanzar, buscando al Señor para que Él saque de nosotros todo lo que nos separa de Él. Sin duda, nuestro pecado es la razón principal por nuestros continuos fracasos.
La advertencia de Dios está clarísima: "Procurad estar en paz con todos y llevar una vida santa; pues sin la santidad nadie podrá ver al Señor" (Hebreos 12:14). No confundamos la santidad con el legalismo hecho por el hombre. La santidad verdadera produce la vida abundante de paz, mientras que el legalismo religioso sólo produce la aridez y la muerte. Recordemos que donde está el Espíritu de Dios, allí está la libertad (2 Corintios 3:17). Las personas más felices que conozco son las que caminan derecho, buscando traer gloria a Dios en cada aspecto de sus vidas (ver Colosenses 1:9-10).
LA CARNE CONTRA EL ESPÍRITU
"Los justos serán confiados como el león."
El Cuerpo de Cristo debe descubrir y discernir la inmensa diferencia entre la arrogancia y la genuina confianza—entre ser llevados por nuestras propias ambiciones y ser llevados por el Espíritu de Dios. Si seguimos actuando según nuestras presunciones carnales, el fracaso es seguro: "Hay caminos que parecen derechos, pero al final de ellos está la muerte" (Proverbios 14:12).
Nuestra carne fomenta la arrogancia—las habilidades y planes propios de la persona. La verdadera confianza, sin embargo, está dispensada de un encuentro con el Espíritu Santo. Las Escrituras nos lo describen: los justos serán confiados como un león.
Antes del encuentro dinámico con el Espíritu de Dios en el Día de Pentecostés, Simón Pedro se derrumbó bajo las acusaciones de una joven criada. Sin el poder dispensador de la gracia del Espíritu de Dios, Pedro negó al Señor tres veces. Sin embargo, una vez que estaba lleno del poder y la confianza del Espíritu Santo, vemos una transformación inmensa en su vida. Erguido en la autoridad verdadera, predicó uno de los mensajes más ardientes en las Escrituras (Hechos 2:14-40).
Un espíritu maligno y religioso siempre se manifestará intentando falsificar al original. Si este espíritu maligno no consigue hacer que la persona se mueve en una falsa auto confianza, le hará débil y tímido. Ya es hora que reconozcamos la diferencia entre la timidez y la humildad, entre la confianza y la presunción.
BATALLA CONTRA EL HECHIZO
Un astuto hechizo se está produciendo dentro del Cuerpo de Cristo. Pablo nos advirtió contra este espíritu cuando les escribió a los gálatas. Este embrujo se manifiesta y hace que la gente intente terminar en la carne lo que comenzó en el Espíritu de Dios (Gálatas 3: 1-5).
Es hora de hacer unas preguntas difíciles: ¿Hemos sido mandados por el Espíritu de Dios o hemos dado a luz a nuestros propios planes? Se puede discernir la diferencia según el éxito o el fracaso. Cuando es el Señor quien envía a la persona, Él va antes para preparar el camino. Sin embargo, si la persona corre sin haber sido enviado por Dios, está condenada a la vergüenza y el fracaso. Hemos de decir con Moisés: "Si Tú mismo no vas a acompañarnos, no nos hagas salir de aquí. Porque si Tú no nos acompañas, ¿de que otra manera podrá saberse que tu pueblo y yo contamos con tu favor?" (Éxodo 33:15).
Jesús es el ejemplo perfecto de Alguien enviado por Dios. "Solo hago lo que veo a mi Padre hacer, solo digo lo que le oigo a mi Padre decir". El gozo de su corazón era hacer la voluntad del Padre. La vida de Jesús de obediencia absoluta a la voluntad del Padre debe ser también nuestra meta. Es la síncopa perfecta – buscar la armonización de la voluntad del Padre con nuestro caminar. Este ritmo divino se reflejaba en la vida de Pablo cuando dijo: "Para mí vivir es Cristo…" (Filipenses 1:21). Cerca del final de su vida, añadió: "He peleado la buena batalla, he llegado al término de la carrera, me he mantenido fiel"(2 Timoteo 4:7).
Como comenzamos es importante, pero como terminamos lo es aún más. El legado que dejamos testificará cuán eficazmente hemos vivido nuestra vida para los propósitos del Reino de Dios.
Conforme leas esto pregúntate: ¿estás andando con la fuerza de tu entusiasmo humano, o estás siendo llevado por la fuerza y el poder de Dios? Recuerda: "No depende del ejército, ni de la fuerza, sino de mi Espíritu, dice el Señor todopoderoso" (Zacarías 4:6). ¿Has estado "caminando en la luz de tu propio fuego?" (Isaías 50:11) Si es así, es sólo una lucecita apagada comparada con la luz brillante del Espíritu de la Verdad. ¿Te sorprendes de tropezar en la oscuridad? Cuando caminaba por la Tierra, Jesús dijo a los líderes religiosos fríos y legalistas que ellos eran los ciegos guiando a los ciegos, y que tanto ellos como sus seguidores estaban destinados a caer en la zanja.
¿Te contentas con beber de tus propias cisternas y abandonar la fuente de agua viva? (Jeremías 2:13). ¡Qué terrible intercambio, conformarse con agua estancada y contaminada en vez de las fuentes refrescantes que fluyen del Espíritu Santo!
Como nunca antes, debemos caminar a la luz de la Palabra de Dios. Solamente allí encontraremos la verdadera luz para nuestro camino oscurecido (Salmo 119:105, 130). Es sólo en Su luz que vemos la luz. (Salmo 36:9). Las Escrituras nos revelan esta preciosa promesa: "Tú, Señor, me das luz; Tú, Dios mío, alumbras mi oscuridad" (Salmo 18:28). Solo Él es el origen de la verdadera iluminación.
La revelación de Cristo Rey y de Su Reino va a ser más clara y concisa según nos afirmamos a nuestro corazón a buscar la intimidad con Él. Adentrándonos cada vez más en los caminos del Espíritu, creceremos en nuestro conocimiento de Cristo y de Su Reino. Lo profundo llama a lo profundo—Dios ha estado infundándonos con un deseo de subir más alto y bajar más profundo que jamás habíamos estado antes.
LA SANTIDAD PRODUCE EL PODER Y LA CONFIANZA
Que resuenan estas palabras en tu espíritu: "los justos son confiados como el león" (Proverbios 28:1), pidiendo al Espíritu Santo que te revela su significado. El deseo de nuestro corazón es que Dios nos lance más lejos en una pasión consumidora para caminar en mayor santidad. Este fervor resultará en verdadero poder producido por el Espíritu Santo. Sólo esto es la clave de caminar en el poder sobrenatural sostenido.
UN PUEBLO DE EXTREMA Y ARDIENTE PASIÓN
El Espíritu de Verdad abrirá nuestros ojos a contemplar verdades más profundas escondidas en las Escrituras (Mateo 13:16-17). Estas verdades divinas prenderán fuego a nuestros corazones, encendiendo dentro de nosotros una ardiente y extrema pasión por la gloria de Dios y el avance de Su Reino.
El Espíritu de Dios nos está ayudando a comprender la vasta diferencia entre la arrogancia humana y la confianza del Espíritu Santo. La audacia espiritual no es característica de muchos en la Iglesia de hoy en día. Nos hemos acostumbrado a los líderes mañosos, dedicados a su propio auto-bombo y autopromoción. Sin duda, esta es una de las razones que estamos caminando en tan poco poder del Espíritu Santo. Tenemos que establecer al Reino de Dios, no nuestras propias ideas.
Nuestro clamor ha de ser como el de David: "¡Crea en mí un corazón puro, restaura en mí un espíritu nuevo y fiel!" (Salmo 51:10). Que resuena este pasaje en nuestros corazones:
"¡Haz que tus siervos y sus descendientes puedan ver tus obras y tu gloria! Que la bondad del Señor, nuestro Dios, esté sobre nosotros. ¡Afirma, Señor, nuestro trabajo! ¡Afirma, Señor, nuestro trabajo!" (Salmo 90:16-17)
LA SANTIDAD---CAMINO AL PODER
"Nuestra vida ha de ser una fuente, llena y rebosante con el fruto del Espíritu de Dios".
La santidad no es opcional; es esencial para que la presencia poderosa del Señor more en nuestras vidas (Hebreos 12:14). El Señor está buscando a un pueblo que Él pueda promocionar, mostrándose fuerte, y apoyando plenamente a todo lo que ellos hagan (2 Crónicas 16:9).
Josué recordaba continuamente al pueblo de Dios que debían ser confiados, valientes y audaces. Cuando yo le pregunté al Señor: "¿Por qué siempre nos estás recordando que seamos valientes y audaces?", Él me contestó: "¡Porque no lo sois!" Nuestra timidez está relacionada con el hecho de que vivimos impuramente. Con la santidad viene la presencia del Señor. Y donde se posa Su unción, habrá poder divino. En la vida de Jesús, vemos que el Reino fue revelado con poder, no sólo con las palabras (Lucas 10:19).
Se nos instruye a luchar con audacia para la fe (Judas 3). Si no estamos luchando diariamente para defender a nuestra fe, somos simplemente farsantes que hacemos una pantomima. Si nuestro caminar no corrobora lo que decimos, estamos hablando palabras huecas, sin vida. De hecho, somos una vergüenza para el Cuerpo de Cristo. Pero si estamos caminando a la luz de la Palabra de Dios, tenemos una confianza divina. Esta confianza viene cuando estamos caminando en integridad y santidad de corazón. La unción—sin el carácter justo y moral de Cristo—siempre resultará en vergüenza. El Espíritu de Dios está forjando nuestro carácter, no solamente dispensando dones.
Las Escrituras nos dicen que el Reino de Dios sufre violencia y que los violentos lo toman (el Reino) por la fuerza. No estamos hablando de la violencia con armas de fuego ni armas blancas, sino las verdaderas armas de la guerra espiritual—el ayuno, la oración y la vida santificada. Pablo dijo que las amas de nuestra lucha son poder de Dios para destruir fortalezas (2 Corintios 10:4-6).
La meta suprema de Dios es que cada uno de nosotros poseamos y manifestemos el carácter y las virtudes verdaderas de Cristo. Estas gracias son fundamentales si vamos a ser una luz brillante…una ciudadela puesta en el monte que no se puede esconder.
Las Escrituras declaran que los justos serán confiados como el león. La verdadera confianza viene de un corazón firme y derecho. Nuestra vida debe ser una fuente, llena a rebosar del fruto del Espíritu de Dios (Gálatas 5:22-26). Estos frutos crecen mejor en la tierra del amor y la fidelidad. Jesús dijo: "En esto conocerán que sois Mis discípulos, en que os amáis los unos a los otros (Juan 13:35).
QUE HAGAIS UNA BUENA DIGESTION DE ESTA COMIDA CELESTIAL O MANA DE DIOS.
MIGUEL SANCHEZ GARCIA
MISIONERO
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